martes, 25 de agosto de 2009

get a life

"Get a life" fue la frase con la que me iniciaba en el mundo virtual de gaydar. "Get a life" fue en verdad la frase con la que yo sentía, me daba la bienvenida (o debería decir "malavenida"?) el irreverente mundo de floripondios. "Get a life" fue en realidad la frase que resumía una de las últimas conversaciones con P.

P fue el primer chico que conocí en persona. Yo estaba en CBC. Recién salía del secundario, pero en vez de sentir que tenía la vida por delante, sentía más bien la amargura de una adolescencia no vivida. Alcohol no hubo. Drogas no hubo. Y sexo no hubo. Rock 'n roll... bueno, eso sí. Mucha música, libros, cierto resguardo en la soledad.

Y así me encontraba cursando el CBC. Desde el segundo piso del pabellón 2 de Ciudad Universitaria, miraba hacia abajo, hacia la gente. Siempre me gustó inventarle historias a esos desconocidos transeúntes de un momento que uno sabe no va a volver a cruzar. Pero esta vez, me preguntaba si yo alguna vez formaría parte de mis propias historias inventadas. Miraba cómo hablaban entre ellos, se reían, se saludaban... Y yo, siempre por fuera.

Llegué un día a casa, y sabía que algo tenía que hacer. Me permití seguir siendo temeroso, pero no inactivo. Y así me creé un perfil en gaydar. Para obsesivos como yo, fue un dolor de cabeza la selección de fotos, y sobre todo, la selección de cada palabra que iba a funcionar como señuelo en una cacería ansiosa. Self-concious - creo que le dicen los yanquis. Elegí con mucho cuidado cada banda que iba a poner en la sección de "Música", cada película, cada escritor. Desfachatez calculada y medida. Eso pretendía yo.

En ese momento, yo estaba pintando mi habitación de rojo. Entonces decidí incluir algo de eso en mi descripción. Creo que empezaba así como: "Estoy viendo una pared a medio pintar de rojo..." No me acuerdo cómo seguía. Pero sí recuerdo que era muy pelotudo, pero no tanto por tonto, sino por sefl-concious justamente.

Una vez ubicada cada palabra, cada foto, casa espacio en blanco, supuse que lo peor había pasado. Pero no. Quien ha estado en una situación similar, lo sabe. Mientras más milimétricamente uno haya pensado cada señuelo, más agonizante es la espera por la presa. Claro que yo no lo pensaba en términos de cazador/presa. Pero sí pensaba qué le podría llegar a atraer a la gente. Bueno, numerosas veces llegué a la conclusión que mi perfil era poco atractivo. En realidad, infería más bien que yo era poco atractivo. Mejor, seamos sinceros (odio ser tan cerebral): me sentía la peor lacra, lo menos atractivo, el más horrendo cuerpo caminante que congela toda ansia sexual en menos de un pestañar.

Sin embargo, un día recibí respuesta a uno de los tantos tantos mensajes que iba dejando por los ciberperfiles (años más tarde aprendí que en las páginas, los mensajes no se miden por cantidad ni mucho menos calidad de palabras; las fotos tienen más valor que las palabras, y lo directo del mensaje pesa más que lo poético; y yo la jugaba de simpático verborrágico y así de mal me iba...)

P tenía 27 años en ese entonces. Su pasión era el cine trash: chicos que comen cosas crudas en cámara para luego vomitarlas, estética de maquillaje vistoso y corrido, groserías extremas al mango que burlaban el "nene, te voy a lavar la boca con jabón" de las madres de antaño.

Yo tenía 17, casi 18. Y P me daba miedo, pero me atraía. Me daba miedo su pasión por lo trash. Me daban miedo sus 27 años y las historias que yo le preosuponía. Me daba miedo el no estar a la altura de su arte under. Pero así y todo me atraía. Me atría su nombre de usuario, que dejaba entrever su simpatía oculta. Me atraía que su vida la hubiera apostado al arte. Me atraían sus ojos azules detrás de esos lentes de marco grueso.

Nuestras conversaciones también me atraían. No me acuerdo cómo pero terminamos intercambiando números telefónicos. Hablábamos bastante. Aprendí que Manson en su clip imita una de las escenas de la película original de Willy Wonka. Aprendí que de repente arte también era el vómito y la orina y las heces...

Con P sólo nos vimos una vez. Lo acompañé a hacer un casting para una pauta publicitaria. Para memoriosos (aunque en realidad no fue hace tanto), la propaganda requería una "persona estilo rocker que tocara una guitarra invisible".

Después de esa vez, seguimos hablando por msn y por mail. No nos vimos nunca más, si bien una vez casi iba a su casa que se juntaba con unos amigos a ver pelis. Yo sabía que yo no le había gustado. Pero él a mí sí. Aunque más que gustar, era toda la ansiedad de esos primeros momentos, de esos primeros pasos, de esos primeros años en que uno empieza a conocer chicos por primera vez. Toda ansiedad que se traducía en mails largos que le mandaba con cierta insistencia. Dije largos? Quise decir muy largos. (E siempre me decía que mis mails eran perfectos, pero para mal. Cada vez que me leía, decía sentir cada momento que me tomaba para calcular cada palabra, para causar cada efecto, y para finalmente quitar toda bendita naturalidad a algo que debiera ser humano).

Entonces una vez, una vez muy cercana a las últimas veces que hablé con P, por teléfono me dice: "Sabés qué? Se te nota a leguas que te morís por todo esto. Te esforzás demasiado. Tus mails. Tus mails largos, eternos. Tus mensajes, tus llamados. Sabés qué? Get a life"

"Get a life" fue un baldazo de agua fría. Aunque quizás tenía razón. Entraba a mi casilla todo el tiempo, para ver si me respondía el mail. Y cada vez que lo hacía, inmediatamente se lo respondía. Pero no con soltura. Se lo respondía calculando cada frase, imaginándome su respuesta y reacción ante cada palabra, pensando cómo podía hacer de mí alguien para él atractivo.

Y eso no sirve. Eso recibe un "get a life". Una "L" en la frente. Y la verdad, me dolió profundamente en el alma. Sentía que mis miedos de ser un cuerpo horrendo se confirmaban en esa frase.

Seis años pasaron desde aquella vez. "Get a life" fue una puñalada que sacudió mis esquemas y pautas. Y hoy ya no soy el mismo, pero aún la duda me sigue carcomiendo: conseguiré algun día esa vida que desdibuje mis miedos de adolescente?

lunes, 24 de agosto de 2009

alguien que me aterrice el vuelo...

Después de leer el último post de Alan me quedé pensando mucho sobre cuán común que son las desapariciones en las relaciones que empiezan y se nuclean en medios cibernéticos (msn y páginas webs). No sé, todo termina resultando tan efímero...

Hago un mea culpa también: cuando empecé a usar páginas de internet para conocer hombres (ya hace unos varios años atrás), había creado una cuenta de msn especialmente para eso. En realidad miento. Al principio usaba la cuenta que yo ya tenía desde la pre-adolescencia. Pero después, no sé, creé otra cuenta. Y así, de a poco, se fue haciendo más real el hecho de que la vida cibernética era algo totalmente distinto a la vida que llevaba por fuera de ella. Tanto es así que tenía otra cuenta. Y tanto es así que había dejado de usar mi cuenta original para hablar con la gente de mi vida "real". De a poco dejé una cuenta por otra, hasta que hoy por hoy, hasta donde la gente tangible en mi vida, de pura carne y puro hueso, hasta donde ellos saben, yo ya hace años que dejé de usar msn. Pero hasta donde yo sé, y yo me confieso a mí mismo, yo sigo existiendo en el ciberespacio. Pero como otro. Yo sigo chateando (aunque bastante menos frecuentemente). Pero siempre como otro.

Y no es algo ficticio, o que implique mentira. Es más, nunca me presenté como otra persona. Siempre dije ser quien soy y hacer lo que hago. Pero hay una gran cuota de alteridad.

No me engaño tampoco. No es una mera cuestión filosófica. Si uso otra cuenta, es porque el conocer hombres empezó de a poco a enquistarse en mi vida. Es como si lo que en un momento era gran parte de lo que yo era, después dejó de ser así. Y si lo digo con soltura, es sólo para esconder la tremenda confusión y hasta hipocresía en la que estoy metido.

Hace unos días estaba chateando con B y le dije con las más crudas de las sinceridades: ESTO TIENE QUE PARAR. Me refería a algo más general, pero hoy lo refrasearía como algo más concreto. Ya llega un punto en donde no puedo tener tantos contactos en msn con los cuales esporádicamente hablo y que nunca conocí en persona. Realmente. Esto tiene que parar. It's like having sex with a random guy every night. Tiene el malsabor de la certeza de estar arruinándose cada día un poco más.

Quizás hoy estoy de ese otro lado que siempre criticaba cuando recién empezaba a gatear por los pasillos de gaydar. Una vez hasta había hecho una lista de todas las personas que mágica y misteriosamente desaparecieron del ciberespacio. Perfiles que se borran. Mails que no se responden. Usuarios de msn que dejan de conectarse. Algunos importaron poco. Pero otros, importaron mucho. El que más me dolió fue siempre el de R. La indiferencia con la que unas semanas después me dijo que se había ido a Chile por trabajo... Ni siquiera atinó a esbozar unas disculpas por su desaparición, y sin explicaciones, y sin respuestas a mis múltiples intentos de contactarlo. Dice un tango que más vale odio que indiferencia.

No sé, el ciberespacio tiene esto... Eso lo aprendí tarde. Porque una y otra vez la gente terminaba evaporándose por arte de magia, y una y otra vez, yo me sentía impotente. ¿Cómo enojarse con alguien que ya no está y que siquiera le interesa estar?

Tiene tantas vueltas la vida, que hasta a veces siento que quizás pueda estar hablando con alguien que ya había hablado pero que esta vez está usando otro sobrenombre, otro antifaz. Y creo que hasta yo he desparacido a veces para otras personas cibernéticas. Sobre todo en este último tiempo. Y no lo digo con orgullo.

Igual, siempre he vuelto, y honestamente, siempre a mi pesar. Hoy por hoy sigo siendo dos. Uno de carne y hueso, y otro de ciber elementos.

Yo no puedo ser coherente, así que no esperaría lo mismo de los demás. Así y todo, tengo cosas en claro: la gente que me importa se hace de carne y hueso. Porque no me da lo mismo un smiley de muñeco con brazos extendidos que un llamado por teléfono. Y mucho menos que un abrazo en persona.

Curioso es que en este momento estoy siendo un ente cibernético, digo, después de todo estoy escribiendo en un blog. Así que quizás, en este preciso momento, poco me estoy importando a mí mismo. Y es que mi psicóloga tiene razón: siempre postergo las cosas de la vida que más me importan.

lunes, 17 de agosto de 2009

juegos y el secreto detrás

Me doy cuenta de que en verdad no es poca la gente que conocí en este tiempo. Bueno, no sé si la palabra "conocer" resulta la más adecuada... Digamos mejor "encontré". Sí, queda mejor así, sobre todo porque así como fueron muchos los encuentros, las personas con las que hasta el día de hoy sigo hablando, son pocas. Personas que hoy consideraría amigas son nulas de hecho.

MP fue uno de los primeros que conocí. Yo cursaba el CBC, y el aún estaba en el secundario. Como yo recién salía de mi cascarón (no podría decir clóset), lo consideraba a él como alguien mucho más comprometido con su sexualidad. Años después me vendría a enterar de que él también recién salía en esa época.

A MP lo conocí por gaydar también. Veníamos hablando bastante por msn y también por mail, me acuerdo. Y como siempre, me ponía muy ansioso con sólo pensar en un posible encuentro real. Mucho no me acuerdo de lo que hablábamos, pero sí me acuerdo de esa ansiedad. Y es que si no me equivoco, él fue la segunda persona con la que yo me encontraba. La segunda o la tercera.

Decidimos ir al Planetario, ya que ninguno de los dos lo conocía por dentro. Caminamos un montón y charlamos también un montón. Me contó sobre sus dudas sobre qué hacer después del secundario, aún no sabía qué iba a estudiar.

MP era tímido, lo cual es mucho decir considerando que yo en esa época me caracterizaba por silencios nerviosos. Hablaba pero sólo si le hacía preguntas o si sacaba un tema yo. MP era alto. Eso también. Siempre me pareció tan alto él. Y sobre todo, MP me era muy atractivo. Era del tipo de esos compañeros que uno tenía en el colegio, que se desarrollaban antes que todos. Alto, de contextura ya robusta, con barba y vello en el pecho. Y así y todo, tímido, no callado, pero sí tímido.

Aquella tarde sólo caminamos y hablamos, un montón hablamos. Pero nada más. Y no sé bien por qué, pero después de ese día, las cosas se fueron diluyendo. Son cosas que hasta el día de hoy no las tengo tan claras. Sé que hoy elegí otro camino para mi vida, pero en ese entonces no era aún así, y sin embargo nos fuimos diluyendo.

Después de esa vez, seguimos hablando pero con mucha menos ansiedad, hasta que sin darme cuenta, sólo hablábamos muy esporádicamente y nos veíamos aún menos. Será eso el "no tener química"? No lo sé. Bueno, en realidad sé que de su parte nunca la hubo, al menos no en términos sexuales/amorosos. (Digresión: da para pensar bastante el hecho de unir casi como sinónimos lo sexual y lo amoroso). Eso siempre lo supe. Y lo confirmé con plena certeza una vez cuando le pregunté explícitamente si no quería tener sexo conmigo, porque venía muy, pero muy caliente y ya andaba rasgándome la piel. "Nunca mezclo las cosas con amigos", me dijo él. Ya para ese entonces él era alguien totalmente afuera, con cierto recorrido de calle, y esa tan precisa frase marcaba la clara diferencia entre todo lo que él hizo después de aquella primera vez que nos habíamos visto, y todo lo que yo me privé de hacer (en realidad, sentí más bien que era mala racha en el amor).

Con MP no había confianza para haberle hecho esa propuesta. Eso yo lo sabía, pero estaba tan desesperado yo. Y MP siempre siempre me atrajo tanto. Y él nunca lo supo.

Una vez me invitó a su casa, porque se juntaba con varios amigos gays. Esa noche, luego de varias copas encima, decidimos hacer juegos con prendas. Y entre otras tantas muchas cosas (como que alguien bebiera vino de mi ombligo y panza), a mí me tocó besarlo a MP. Fue un beso tan suave, lo recuerdo. Yo cerré mis ojos (como siempre hago cuando beso) y sentí sus labios, y después su lengua. No estuvimos mucho tiempo, y la gente empezó a gritar "bueno, bueno, no pareciera ser una prenda", y la cortamos repentinamente. Para MP fue una prenda más. Para mí, fue finalmente poder besarlo. Pero él nunca lo supo.

Esa noche, fue una locura. Era la primera vez que yo me juntaba así con un grupo de amigos gays. Era la primera vez que hacía juegos con prendas tan sexuales. Era la primera vez que bebía mucho y sin embargo quería recordar con detalle fotográfico lo sucedido.

Hay locuras de las cuales uno está orgulloso y le gusta contar. No necesariamente con tintes de alarde adolescente. Simplemente uno se aferra de algunos momentos para convencerse de que uno vivió los años que ya pasaron. Y algunos de esos momentos que uno elige, los elige por "locos". Bueno, esa noche es una de esas noches. Noche de mucho alcohol y juegos sexuales.

Pero sin embargo, por las decisiones que hace un tiempo tomé, hoy no tengo a quien decirle "a que no sabés qué hice una noche?".

Aunque en realidad, lo más importante me lo guardo para mí. Aunque a veces me olvide, y aunque a MP no le importe y seguramente no lo recuerde, yo lo besé. Yo besé a MP.

lunes, 10 de agosto de 2009

chocolate podrido en el clóset

Lo conocí... cómo lo conocí? Había sido por gaydar, eso me acuerdo. Año 2006. Wow! Fue hace tan poco en realidad, y lo siento como una eternidad. R fue mi primer beso, y él nunca lo supo. No sólo mi primer beso con un hombre, sino mi primer beso con una persona, y él nunca lo supo.

Habíamos estado hablando por chat por unas semanas. Recuerdo su alma acorazanada en México, en un hospital, en una habitación particular, con un número en particular. Ésa era la historia de cómo eligió su mail. Se había enamorado de un mexicano, pero debió partir. Y yo sentía fuertemente que aún lo extrañaba. R me pareció siempre desconectado de las cosas de acá. Pero tenía un gran atractivo: ese lunar en su cachete derecho, que me hacía querer siempre caminar a su lado derecho, para poder admirar ese lujurioso punto letal.

Hablábamos de música, de pintura y literatura. Die Brücke. Él era fanático de los Die Brücke. Y claro, estaba aprendiendo alemán también. Y yo... lo miraba desde abajo, me esforzaba por estar a esas incomprendidas alturas que apenas había oído en las lejanías de aquellos libros del secundario. Libros que tenía que sacar de mis empolvados recuerdos para ver si aunque sea una vez, alguien podía sentirse atraído por mí. Pero no lo había logrado, no con él.

Aquella primera vez que nos vimos en persona, yo como siempre estaba nervioso. R escribía poesía y usaba mucho la palabra "colar". "La luz que se cuela en las rendijas de la persiana", "mis dedos que se cuelan en su alma"... También escribía con faltas de ortografía y errores de tipeo: "él ah ido", "yo lo eh oído",... Pero así y todo, sus collages de fotografia y escritura me ponían nervioso. Me hacían sentir nervioso. ¿Cómo atraer a alguien que vuela tan por los aires?

Nos encontramos en una esquina de Santa Fé... y Borges creo que era. Yo había llegado a hora y él bastante más tarde. Es más, pasado un buen rato sin que él viniera, lo mensajeo y me dice que vaya caminando por Santa Fé hacia el centro que nos íbamos a encontrar en el medio. Y luego de cuatro cuadras, casi sin notarlo, pasamos el uno al lado del otro. De repente los dos frenamos, nos dimos vuelta, y confirmamos con la mirada que el otro era con quien uno había estado chateando. Nos saludamos con un beso en la mejilla. Yo temblaba. Me dijo de ir a comer, me pareció una buena idea, pero no sabía dónde. No era de salir en esa época, y no sabía dónde se podía comer bien. Entonces la noche comenzó con él guiándome, y así continuó. Fuimos a comer a un bar de sandwiches, y luego comenzamos a caminar y a caminar.

Así me enteré de lo de Die Brücke. Y también de su lado artístico. Su interés por la fotografía y la escritura. Yo lo escuchaba atentamente y asentía. Yo también estudiaba alemán, así que me defendí con eso. También conocía a algunos pintores alemanes, y los mencioné como quien tira manotazos de ahogado. Estaba tan nervioso caminando a su lado, me atraía tanto. Ese lunar. Él. Él. Ese lunar. Él.

Estábamos de repente caminando por Córdoba y no sabíamos a dódne ir. Bueno, yo no sabía a dónde ir. "¿A dónde vamos?", me dice. "No sé, ni idea", le digo. Y me mira entonces con ciertas dudas, hasta que se anima: "¿Y si vamos a un telo? Yo conozco uno por acá". Mi corazón se aceleró a mil, pero sin dudarlo dije que sí. Nunca había besado, y aún así acepté. Dimos unas vueltas más hasta dar con el lugar. Yo estaba muy nervioso, pero sobre todo excitado, muy excitado. Por suerte tenía un morral, con el que corrido un poco hacia el frente lograba tapar disimuladamente mis deseos carnales. Estábamos ahí. En la puerta. Entramos. Y yo, muerto de miedo. Él me gustaba. No me preocupaba no conocerlo, no me preocupaba que fuera un telo, no me preocupaba nada, salvo que mi inexperiencia lo ahuyentara. Sólo en eso pensaba. Por suerte o desdicha (aún hoy no lo sé), no había habitación libre. Así que nos fuimos. Caminamos otro rato más, y entramos en un café para desayunar, porque ya eran las 6 de la mañana. Extraño como pasa el tiempo. 6 horas caminando habíamos pasado.

Me pido un café con leche con 3 medialunas. Voy al baño y cuando vuelvo, él miraba a través del ventanal. Su melancolía siempre presente. Qué noche rara, pensaba yo. Qué lindo chico, también pensaba. Me siento, seguimos hablando otro rato más, y me doy cuenta que no podía comer. Ni un bocado de medialuna podía comer. No sé por qué. Yo lo miraba a R mientras mis fantasías se hacían gigantes imposibles frente a la escasa realidad con un desconocido.

Nos levantamos y nos fuimos. Me acompañó hasta la parada del colectivo, y cuando llegó nos despedimos. Los dos dijimos haberla pasado bien. Ahora a la lejanía, y con cierta mayor experiencia y "calle", hasta podría decir que él sólo quería coger esa noche. No lo sé. De repente tenía tanta pena en su alma, eso lo sentía bastante. Yo era tan pequeño, y tan inocente. Me había sentido como una liebre asustada frente al cazador. Cazador que no era él. Sino la noche. Sino la ciudad. Sino mis extremos deseos temerosos.

Ésa fue la primera de las dos únicas noches que nos vimos con R antes de que desapareciera de la nada. Ésa fue la noche que sólo fue tentación que carcomió mis labios vírgenes. Nada había pasado. No tuvimos sexo. No nos besamos. Y estoy seguro de que él tampoco sintió nada al conocerme en persona. Pero yo sí con él. Yo sí.

Esa noche, mientras caminábamos, en un momento R me indicó el cielo y me dijo: "Todo es posible, sólo el cielo es tu límite". Días después le hice un señalador de libros con esa frase y algunos dibujos. Señalador que nunca se lo pude regalar dada su extraña desaparición.

Y ahora me pregunto, con ese señalador que aún guardo, qué es lo posible y lo imposible en la vida.